Qué ocurre dentro del hombro
Entre la cabeza del húmero y el acromion —el saliente óseo que forma el techo del hombro— hay un espacio de apenas unos milímetros. Por ahí pasan los tendones del manguito rotador y una bolsa de deslizamiento llamada bursa. Cada vez que levantas el brazo, ese conjunto tiene que colarse por ese hueco.
El pinzamiento subacromial aparece cuando ese espacio se estrecha o cuando la cabeza del húmero no se mantiene bien centrada durante el movimiento. El tendón roza, se inflama, y al inflamarse ocupa más sitio, con lo que roza todavía más. Ese círculo es la razón de que el dolor tienda a ir a peor si no se hace nada.
Por qué se estrecha ese espacio
Casi nunca es una sola causa. Lo más frecuente es una combinación de:
Un problema de control muscular. Los rotadores y los estabilizadores de la escápula son los que mantienen la cabeza humeral centrada y baja durante la elevación. Cuando se debilitan o se descoordinan —por sedentarismo, por sobrecarga o tras una lesión— la cabeza asciende ligeramente y el espacio se cierra. Esta es la causa más común y la buena noticia, porque es la más tratable.
La forma del acromion. Hay acromion planos, curvos y ganchudos. Los últimos dejan menos espacio de partida, y eso se ve en una radiografía.
El gesto repetido. Nadadores, pintores, electricistas, jugadores de pádel: cualquiera que pase muchas horas con el brazo por encima del hombro somete ese espacio a miles de repeticiones.
Por qué casi nunca se opera
El pinzamiento es un problema mecánico, y un problema mecánico se puede corregir cambiando la mecánica. Cuando se recupera el control de la escápula y la fuerza de los rotadores externos, la cabeza humeral vuelve a su sitio y el espacio se recupera sin tocar nada.
La cirugía se plantea cuando el dolor persiste después de varios meses de un tratamiento conservador bien hecho —y «bien hecho» significa fisioterapia dirigida y constante, no unas sesiones sueltas— o cuando hay una causa estructural clara que ninguna rehabilitación va a modificar.