Dos causas distintas, un mismo síntoma: la rigidez
La artrosis de hombro y el hombro congelado (capsulitis adhesiva) llevan al paciente a la misma frase: cada vez llego a menos sitios y me duele más. Pero por dentro está pasando algo muy diferente en cada caso, y confundirlos lleva a tratamientos equivocados.
Artrosis de hombro (a menudo llamada coloquialmente artritis de hombro). El cartílago que recubre la cabeza del húmero y la glenoides se desgasta. Sin ese colchón, el hueso roza contra el hueso: aparece dolor mecánico que empeora con el uso, crujidos y una pérdida progresiva de recorrido. Es un proceso lento, de años, y no revierte.
Hombro congelado. El cartílago está intacto. Lo que ocurre es que la cápsula articular —la envoltura fibrosa que rodea la articulación— se inflama y se retrae, encogiéndose alrededor del hombro. La limitación es mucho más severa y, a diferencia de la artrosis, afecta por igual al movimiento activo y al pasivo: ni tú ni nadie puede mover ese hombro más allá de cierto punto. Suele aparecer sin causa aparente, y es más frecuente entre los 40 y los 60 años, en mujeres, y en personas con diabetes o problemas de tiroides.
Las tres fases del hombro congelado
Entender en qué fase estás explica por qué el tratamiento cambia con el tiempo:
Fase dolorosa (2 a 9 meses). Domina el dolor, incluso en reposo y por la noche. La movilidad empieza a perderse. Aquí forzar el estiramiento es contraproducente: lo prioritario es controlar el dolor y la inflamación, y es donde la infiltración tiene más sentido.
Fase de rigidez (4 a 12 meses). El dolor cede algo pero el hombro está francamente bloqueado. Es la fase del estiramiento paciente y sostenido.
Fase de descongelación (5 a 24 meses). La movilidad va volviendo progresivamente. La rehabilitación acompaña y acelera este proceso.
Cuándo se plantea una prótesis
En la artrosis, la decisión no la marca la radiografía sino la vida del paciente. Hay radiografías muy deterioradas en personas que apenas se quejan, y desgastes moderados que resultan incapacitantes. Lo que inclina la balanza es el dolor nocturno mantenido, la pérdida de autonomía en cosas básicas —vestirse, asearse, conducir— y el agotamiento de las opciones conservadoras.
Cuando se llega ahí, hay dos caminos. Si el manguito rotador está íntegro, una prótesis anatómica reproduce la articulación original. Si el manguito está roto de forma masiva e irreparable, esa prótesis fallaría, y se recurre a una prótesis invertida, que cambia la geometría del hombro para que sea el deltoides quien haga el trabajo.