Qué pasa cuando un hombro se luxa
El hombro es la articulación con más movilidad del cuerpo, y ese es exactamente su punto débil. La cabeza del húmero se apoya sobre una superficie pequeña y poco profunda, la glenoides —la comparación habitual es una pelota de golf sobre un tee—, y lo que la mantiene ahí no es el hueso, sino el tejido blando: el labrum, la cápsula, los ligamentos y los músculos del manguito rotador.
En una luxación, la cabeza del húmero se sale de esa superficie, casi siempre hacia delante y abajo. Al hacerlo arrastra el labrum y lo desprende del reborde óseo. Aunque el hombro se recoloque, ese tope sigue desprendido, y ahí empieza el problema real: el hombro se ha quedado sin una parte de su freno natural.
Por qué se repite
Es la pregunta que más preocupa, y la respuesta depende sobre todo de la edad a la que ocurrió la primera vez. En una persona joven el tejido es elástico y la lesión del labrum no cicatriza en su posición correcta, así que el tope no se recupera; además, suele tratarse de alguien que practica deporte y va a volver a exponer el hombro a la misma situación. En alguien de más edad el tejido es más rígido, cicatriza con más fibrosis y la demanda funcional es menor.
Cada nueva luxación empeora un poco las cosas: desgasta el reborde óseo de la glenoides y produce una muesca en la cabeza del húmero. Cuando se pierde hueso suficiente, una reparación solo del labrum ya no basta y hace falta una técnica que aporte tope óseo. Este es el motivo por el que no siempre conviene esperar a acumular episodios.
La inestabilidad sin luxación
No todos los casos han llegado a salirse. Hay hombros que nunca se han luxado del todo pero que fallan, resbalan o dan sensación de inseguridad en determinadas posiciones. A veces es una consecuencia de un episodio antiguo, y otras veces es una laxitud constitucional: personas con las articulaciones más elásticas de lo normal, en las que el hombro se subluxa en varias direcciones.
La distinción importa mucho, porque el tratamiento es casi opuesto. La inestabilidad postraumática con lesión del labrum suele acabar en quirófano si limita. La laxitud multidireccional responde muy bien a la rehabilitación y responde mal a la cirugía, así que operarla es normalmente un error.